Trump, el Brexit y el último bastión de la supremacía blanca

Fernando Olszanski Publicado 2016-11-09 09:33:26


La cara del triunfo. Foto: Laura Segall/ AFP

 

Ya con los resultados de las elecciones en los Estados Unidos, podemos hacer una proyección acertada sobre la dirección que está tomando el mundo. Hace unos meses, cuando Gran Bretaña había decidido dejar la Unión Europea, podíamos ver que el fenómeno de la inmigración era un factor determinante en la manera de votar. Los ingleses no querían que su país se convirtiera en un crisol de colores, sino que preferían mantener su aislación e idiosincracia de isla inexpugnable. Cuando el mundo criticaba esta postura, Trump la elogiaba, y seguía predicando la construcción del muro, la prohibición de musulmanes y la deportación masiva de inmigrantes indocumentados. Como así también recrear el poder militar y exterminar a los terroristas. Y parece que el discurso surtió efecto.

Si bien todas las encuestas daban a Hillary Clinton como ganadora de las elecciones, uno debe preguntarse el por qué de este resultado sorpresa. Es evidente que el hombre blanco de la clase trabajadora no ha visto cambios en su situación por mucho tiempo. La promesa de Trump, de hacer “América grande otra vez”, significa que se deseaba que Estados Unidos vuelva a ser como era antes, un país dominador, selectivo y con oportunidades para aquellos que sostenían el poder: La clase gobernante, los blancos. Pero hay un dato secreto en todo esto, es que nadie decía que iba a votar por Trump, porque daba vergüenza, no era políticamente correcto, pero en el cuarto oscuro las cosas cambiaron, ese discurso racista, sexista y separatista se volvió realidad. El íntimo deseo de volver a ser una América blanca y poderosa se reflotaba desde la oscuridad de las urnas.

Muchos analistas dicen ahora que la gente quería un cambio, que Clinton representaba al establishment del fracaso de los últimos 30 años, tanto demócrata como republicano, y tienen razón. Hillary solo hablaba de mantener lo bueno que se había hecho hasta el momento. El problema es que en realidad con Trump no habrá cambio, habrá una vuelta atrás hacia los años 50, cuando Estados Unidos se convirtió en la primera potencia económica y militar del mundo. Con una plataforma ultra derechista, acérrima enemiga de los inmigrantes, y plagada de promesas imposibles de cumplir, Trump ha logrado despertar un sentimiento nacionalista que no incluye a todos, que suena más clasista y cercana a un sistema de castas imposible de mezclar.

Solo el tiempo dirá si esto es verdad o no. Pero parece ser que el melting pot del mundo no lo quiere ser más, quiere que perdure lo que era antes, un país que decide a dedo quien progresa y quien no. Un país que se expande a voluntad y a costa de otros, en fin, el regreso al Destino Manifesto que nunca debió haber dejado.

 

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Fernando Olszanski, autor de Rojo sobre Blanco y otros relatos, reside en Chicago.

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