Poemas de Jorge Hernández

Publicado 2017-01-06 09:00:29


Los animales de Marcos Raya. Foto: José Guzmán

 

daguerrotipo de Schrödinger junto al huizache de Cerrito blanco

 

estoy tan solo,
que cualquiera diría que estás conmigo
Francisco Hernández

 

 

esta tierra no da nada

ni luz

hay que buscar todo a tientas: la sangre, los verbos, los recuerdos,

de madrugada te punza con un frío de mala leche esta tierra,

durante el día trabaja para empolvarte zapatos, ropa y pelo

 

se vive de milagro y cada día es el último

¿quién nos va a culpar de ser ojetes?

en lugar de vender flores o fruta, ofrecemos víboras, ardillas flacas, pájaros desconocidos,

hasta ramas de arbustos y errores

 

pero, puedes sentirte tranquilo, aquí te cantamos las peleas,

nadie te dará un tiro por la espalda,

y si lo hacen, será por... por que sí... quizá ni se fijaron, ya te tocaba,

así les pasa a muchos, cuando se dan cuenta ya están muertos

o ya mataron

 

y aun con tantos despojos, esta tierra no llora, no nos llorará, a ti ni a nadie,

el aterradero se traga sus lágrimas de tanta sed que hay

 

un día dijeron que había agua, que escarbáramos,

alguien gritó:

levantemos la tierra de la tierra,

abajo está la carne,

casi viva, casi trémula, para acabar con la tristeza, con la jodidez,

para amarla como si fuera una fresa pasada de madura, una naranja llena de moho...

 

hallamos ofrendas,

como tu sombra, tú sin nombre,

igual, latiendo de gusanos...

 

apareció el agua, oscura, vieja,

empezamos a beber

y esto entendimos:

infinito no, eternidad no, nada no, el presente es la única moneda, el único cuchillo

 

 

la casualidad es un perro con hambre

 

Sólo una cosa no hay,
y es el olvido.
Jorge Luis Borges

 

 

aúllo,

busco sangre,

antes perseguía la luna pero me cansé

luego descubrí el lago

y me bebí la memoria de sus olas

 

cansado

me encerré en mi cubil

engordé, me salió pelaje, se me alargó el colmillo,

se me afinaron las orejas

y a mis patas les salió callo

 

me vi en el espejo,

y sé que ya no soy yo,

soy otro, el otro,

y aúllo,

no quiero agua embotellada, café ni vino tinto

prefiero la viscosidad del fulgor apestoso a miedo

 

y aúllo,

en la luz de la mentira

a quién le importa si tengo garras o dedos

si desgarro carne, músculo, tendón

o si beso,

contra la pared soy una sombra,

contra el sol, una mancha,

contra las letras, un montón de sangre

pero de noche

salgo a recorrer los miedos y las ansias

y aúllo

porque sé que en esa voz voy a encontrarme,

porque sé que en esa voz me oculto,

porque sé que en esa voz se oculta el otro,

y, agazapados, nos miramos y entendemos la jugada,

con el resplandor de los colmillos empezamos el aullido

y en él late este puño de dentelladas,

esta rosa de cuchillos

 

 

Jorge Hernández. Desde 1988 reside en Chicago. Participó en la creación de las revistas literarias Fe de erratas Abrapalabra de ChicagoSus cuentos aparecieron en las antologías Voces en el viento (1999) y En el ojo del viento (2004). Fue incluido en la Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI de Siglo XXI Editores (1997). Recién publicó el poemario los perros locos. 

 

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