Sangre infantil, pintura de la violencia

Alejandra García Zárate Publicado 2017-02-12 01:31:41

 

Los hombres mayores declaran la guerra, sin embargo,
son los niños y jóvenes los que deben luchar y morir.
—Herbert Hoover.

 

Colombia, un país que aparenta proteger a todos los ciudadanos, o bueno, a la mayoría, ya que, lamentablemente, se olvida de algo: los niños y jóvenes también pertenecen a esta sociedad; son, al igual que los adultos y ancianos, seres humanos que desde su infancia deben ser abrigados, en especial en una comunidad (como lo es nuestro país), donde el arte se conforma por artistas que derraman y desperdician la vida de los más pequeños, para dar vida a su obra de arte: al campo, donde miles de niños son obligados a luchar por algo que no entienden, dando como resultado tarros de un fluido rojo, ese líquido que ha impedido el avance de nuestra nación. 

La sangre de los niños colombianos se ha convertido en el símbolo del sufrimiento de una nación donde la ignorancia, la indiferencia y el egoísmo reinan en las personas que no se han visto perjudicadas por este problema; personas que, como única explicación, están consumidas por sus bienes y por sus logros, en su propio mundo, mientras niños y jóvenes son maltratados o asesinados por adultos que sólo tienen rencor, el cual calman por medio de llantos, gritos y actos violentos, destinados al individuo inocente que lo único que conoce de la vida es la maldad, quesiempre ha visto a gente pudriéndose bajo la tela de una guerra y que lo que más ha sentido es odio. Y es así que, por medio del poco interés de los colombianos, tenemos un futuro de jóvenes dolidos por su infancia, con traumas que durarán para siempre, y es por eso, que Colombia está llena de muros de pintura roja. 

Un simple balde de pintura representa el sufrimiento de los niños; los pinceles manifiestan el arte de la crueldad por medio de muertes, armas, bombas, y, así mismo, de la indiferencia e ignorancia que muchos colombianos demuestran, que a su vez pintan en el mural que sostiene a toda la nación, el cual es la tierra que ha presenciado la guerra que Colombia vive desde hace más de cincuenta años, donde una obra de arte teñida de rojo se crea, volviéndose más grande y más “bella’’. Los autores de estas pinturas reflejan sus emociones por medio de éstas, y nosotros los observadores, que simplemente no lo hemos vivido, sentimos la impotencia de no ser un modelo ejemplar para éstos.

(…) 

Todo lo que se expone en este breve resumen de una guerra que parece no tener fin, donde los que están en el medio son individuos que no causaron ésta, resulta ser absurdo de escribir en unas cuantas páginas que recuerdan la impotencia que muchos sentimos frente a esta situación, ya que las escritoras no son apoderadas, no han vivido la guerra directamente y siguen siendo jóvenes “insignificantes”, jóvenes que según el Gobierno son ignorantes, y por ende no tienen voz ni opinión, jóvenes espectadoras que conocen la realidad del mundo en el que viven, en el que crecen. Y nosotras junto a muchos jóvenes, que no hemos sido gotas de pintura para el retrato de la maldad, llegaremos a ser peligrosos para la autoridad por el conocimiento que recogeremos, para así ayudar a aquellos que no corren con la misma suerte de vivir una infancia normal como nosotras.

Ya no pueden volver al mundo los niños que padecieron, y mucho mejor que no vuelvan a esta tierra de guerra, pero podemos hacer lo que no se ha hecho, cobrar justicia sin derramar más gotas, para poner fin a la obra de arte, que de arte no tiene nada más que figuras abstractas sumergidas en pintura roja, que aún tiene visos blancos, morados, amarillos, azules y demás colores que quedarán como recordatorio en Colombia de aquellos pequeños que se entregaron por la “paz” de esta nación. Lastimosamente la sangre infantil, cada gota desperdiciada, será el comienzo del cambio que necesita esta nación sin pesadumbre.

 

Alejandra García Zárate. Nació en Bogotá, Colombia en septiembre de 2000, e impulsada por el sufrimiento de los niños colombianos dentro de la guerrilla de su país, escribió algunos párrafos de la Editorial “El arte de la guerra”, días previos a la firma de los Acuerdos de Paz con las FARC-EP.

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