Hamilton, historia de un #inmigrante

Carolina A. Herrera Publicado 2017-03-12 03:19:03

 

No se quien ha escrito más, Alexander Hamilton o los cientos de críticos que no escatiman en alabanza sobre el musical de Lin-Manuel Miranda inspirado en el libro de Ron Chernow (Alexander Hamilton, Penguin Books). El triunfo de Hamilton, desde el punto de vista teatral, escénico, coreográfico, histriónico y musical es incuestionable. ¡Vaya regalo el que Lin-Manuel le ha dado al mundo!

Unas tres semanas antes de por fin tener la oportunidad de presenciar la obra, mi hija de trece años me pidió ‘escuchar su música’ en el coche. ¿Qué padre no siente un poco de terror cuándo un adolescente conecta su iphone al AUX del automóvil? Entonces comenzaron a brotar las notas de ‘Say No To This’ y a los pocos segundos, comencé a tararear el coro. ¿Qué es?, pregunté. ‘Es la música de Hamilton’, respondió mi hija, y procedió a recitar un tratado sobre la obra, mientas el estéreo brincaba de una canción a otra. Mi mente trataba de armar el rompecabezas de la cronología de las canciones respecto al tiempo histórico de los hechos, pero entonces llegamos a casa, la música cesó, pero lo que había escuchado se me clavó como espinita.

Descargué el álbum completo y durante días enteros escuché las canciones en orden y desorden hasta comprender la historia de Alexander Hamilton. ¿Cómo es posible que un bastardo, huérfano, hijo de una prostituta y un escocés, nacido en medio de una olvidada isla del caribe, pobre por destino, viviendo en la miseria, se haya convertido en héroe y erudito? Esa es la primer línea de la canción homónima con la que abre el musical. ¿Cómo es posible? Quiero saber más. Alexander Hamilton, el único Padre Fundador de la nación que no llegó a viejo fue un inmigrante que gracias a su inteligencia, energía, curiosidad intelectual y valentía, creó muchas de las instituciones que existen hoy en día. Ahora, imagínense esa línea en itálica cantada en rap.

Lin-Manuel Miranda, hijo de padres puertorriqueños, cuenta la historia de Hamilton, un muchachito que quedó huérfano a los doce años, sin un solo adulto que se hiciera cargo de él. El joven no se amilana ante la adversidad y, gracias a su sed de conocimiento e intrépido carácter, comienza a trabajar como agente comercial en la pequeña isla. Mientras tanto ‘lee todo libro al que le puede echar mano, planeando un futuro no muy lejano…’. Sus patrones reconocen la capacidad y el talento intelectual del muchacho y lo financian para realizar estudios en América. ‘…y ahora, sobre la proa del barco, camino a una tierra extraña, en Nueva York, podré ser un hombre renovado.’ ¿Qué mueve a un inmigrante? La necesidad de reinventarse, de ser mejor, de triunfar. Y eso fue exactamente lo que hizo. 

Hamilton emigra a las colonias durante la gestación del movimiento de independencia de Gran Bretaña, se matricula en King’s College (ahora Columbia College en Nueva York), lee con la misma voracidad con la que escribe, y al poco tiempo, al correrse la voz sobre sus amplios conocimientos, se convierte en la mano derecha de George Washington. El resto, también es historia. 

La historia de Hamilton es una que todo inmigrante debe conocer, pues hay invaluables lecciones que aprender. El deseo de superación y la valentía son necesarios para sobrevivir en una tierra ajena. La lectura y el estudio son necesarios para triunfar. Para enfrentar al enemigo hay que estar igual o mejor preparado que él. Para ser feliz, hay que escoger a una buena mujer.

Hamilton siempre estuvo consciente de su condición de inmigrante, y precisamente por eso, luchó incansablemente para que todos los ciudadanos en ‘América’ tuviesen las mismas oportunidades que los nacidos ahí. Aprovechó cada oportunidad que se le presentó y en ‘My Shot (Mi oportunidad)’, Miranda hace énfasis en sus motivos al decir ‘Because I’m just like my country, I’m young, scrappy and hungry and I’m not going to throw away my shot’. Donde ‘scrappy’ significa ‘pugnaz’ y ‘hungry’ bien podría traducirse como codicioso, hambriento de reconocimiento.

A pesar de sus incontables triunfos, tanto en la política, en el ejercicio del derecho y hasta en el campo de batalla al ganar la Batalla de Yorktown (clave en el movimiento de independencia), Hamilton tuvo su talón de Aquiles, una mujer. Y aquí es donde ocurre ‘Say No To This (Dile No A Esto)’, donde lucha por resistir los encantos de Maria Reynolds, sin éxito. ‘Fue cuando empecé a rezar. Señor, cómo le digo que no, no se cómo decir que no.’ Esta indiscreción no le permitió postularse a la presidencia. Hamilton fue el protagonista del primer ‘sex scandal’ de la historia.

Los logros de Hamilton son innumerables. Entre otros, creó la Guardia Costera Estadounidense y el periódico New York Post, organizaciones que aun existen. Fue fundador del primer Banco Nacional y creó el sistema económico que financiaría la guerra de independencia y le daría el crédito necesario a La Unión para adquirir fuerza económica y lograr su independencia de la corona. En una de las partes más entrañables y cómicas de la obra aparece el Rey Jorge III expresando su desilusión en ‘You’ll Be Back (Volverás)’, una carta de amor de ardido, donde América es su novia y la amenaza diciéndole ‘te enviaré un batallón bien armado, para que te acuerdes de mi amor’. 

La única oportunidad que Hamilton desaprovechó fue la de dispararle a su oponente, Aaron Burr -el antagonista de esta historia- en un duelo. Burr, quien había perdido la presidencia contra Jefferson gracias a Hamilton, le da entre las costillas y pasa a la historia como su asesino. Hamilton tenía 47 años. En poco menos de 30 años, Hamilton se encargó de darle forma al país que hoy habitamos. Una potencia económica, bélica, tecnológica, científica, intelectual, atlética, artística, musical…gracias a los inmigrantes. Recordemos que no se trata solo de exigir, sino de aprovechar la oportunidad una vez que llega. Si tienen la oportunidad de ver Hamilton, aprovéchenla… aunque el precio del boleto no sea de inmigrante.

 

Hamilton se presenta en el Private Bank Theater, 17 N State St, Chicago, IL, durante el resto del año.


Carolina A. Herrera nació en Monterrey, Nuevo León y se crió en la Ciudad de México. Es Licenciada en Ciencias Jurídicas por la Universidad Regiomontana (1989). Estuvo asimilada al Servicio Exterior Mexicano en los Consulados Generales de Chicago (1991-1997) y Houston (1997- 2000) como representante del IMSS. Desde el término de su comisión se ha dedicado a la traducción, interpretación y la capacitación de intérpretes. Miembro de la Mesa Directiva de El BeiSMan. Vive en Aurora, Illinois con sus hijos y Chester, su perro. #Mujer que piensa, es su primera novela. Síguela en twitter @blondieflowers

 

 

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