Queerness e interseccionalidad en el movimiento Lucha por 15

Franky Piña Publicado 2017-06-25 05:34:09


Lucha por 15.

Deivid Rojas es poeta, documentalista, lo seduce la historia y lo apasiona la política. El despertar de su conciencia empezó a encubarse en el momento de migrar de Colombia a Estados Unidos. Llegó a Miami a los ochos años. La idea de migrar fue de su padre y madre. La estabilidad económica y política en Latinoamérica volvía a extinguirse. Y la “idea de un futuro con mayores oportunidades educativas y económicas para la familia” se concebía solo fuera de Bogotá. El migrar fue una experiencia descorazonadora; los padres llegaron a trabajar de 50 a 60 horas a la semana en la industria de la comida.

“Cuando se migra, se parte para siempre”, dijo un personaje del novelista Milan Kundera. La migración está revestida de aventuras y tropezones, de sacrificio y de esperanza. “Todo es ganancia / si todo es pérdida” escribió el poeta Octavio Paz. La ilusión de algún día vivir desahogadamente en el edén de Miami pudo más que el corazón por el terruño. En el caso de los padres de Rojas: sacrificar el estatus social bogotano por sumarse a la clase trabajadora inmigrante fue un reacomodo social difícil de asimilar. El primer trabajo del papá, Rubén Pacheco, fue pasando volantes de mano en mano por las calles de Miami y la mamá, Patricia Jímenez, ingresó a trabajar en un restaurante.


Una de las primeras memorias fotográficas en Miami.

Fue en el décimo año escolar que Deivid comenzó a sentir empatía por los más vulnerables y su entorno social. La profesora de inglés sembró la semilla a través de su método de enseñanza a partir de sucesos históricos y de los discursos de activistas, como el sudafricano Steve Biko y el estadounidense Martin Luther King Jr. A partir de entonces, Rojas comenzó a cuestionar su rol en la sociedad. Sin embargo Miami no ofrecía la conciencia política que andaba buscando y necesitaba salir a la universidad lo más lejos posible. De un idealismo precoz pasó a un pragmatismo colegial al ingresar a Swarthmore College, a 20 millas de Philadelphia. Ya en la universidad todo tomó un matiz más político.

Mientras vivió en Magic City, nunca tuvo que recurrir o resguardarse bajo el concepto “latino” para determinar su identidad, pero al llegar a un pueblo universitario, Swarthmore, donde el color de tez dominante era el blanco, su identidad de latino se politizó. Asimismo al declararse públicamente como Queer lo personal devino en político:

Fue presidente de Enlace, el grupo latino en el campus; fue vicepresidente del Concilio Estudiantil; participó como activista cuando el Dream Act comenzó a tomar notoriedad; contribuyó en la creación de la revista política Swarthmore Overlaps.En la universidad se concentró en el estudio de la historia, en el último semestre tomó un seminario sobre historia laboral donde comprendió el poder que tiene el trabajador y su tesis fue sobre el Bogotazo.

En el 2011, Deivid Rojas se graduó de la Universidad. En ese mismo año, el movimiento Occupy Wall Street cimbró al mundo financiero y social. En ese año los trabajadores de Walmart también se fueron a huelga. La teoría estudiada en el colegio comenzaba a encarnarse en movimientos sociales tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo. Gracias a una beca, durante un año, pudo viajar por el mundo. Rojas nunca se alejó de Colombia del todo pues durante sus años de universitario siempre trabajó con los desplazados. “Hay que recordar que Colombia es el segundo país con más desplazados en el mundo”, puntualiza Deivid.


Graduación de Swarthmore College.

Ahora bien, el trabajo político no se reduce tan solo a la esfera social. Al salir como queer con su familia, ésta también comenzó a transformarse. “Mi padre fue muy comprensible y para mis hermanos no fue de mayor trascendencia. Todo estuvo cool siempre y cuando no fuera una de ‘esas locas’. Esa actitud me ofendió porque si quisiera ser una loca, sería una loca. En sus mentes yo podía ser gay y todavía manifestar un aspecto masculino. Creo que sentían mayor temor que yo enalteciera más mis cualidades femeninas que las masculinas. Afortunadamente eso ha cambiado”.

En gran medida, “esa actitud todavía domina en la cultura latina, la cual celebra la masculinidad y la coloca en un pedestal”. Y otro tipo de narrativa sobre la masculinidad incomoda a un segmento de la sociedad. “Hay que comprender que venimos de una sociedad muy machista donde todavía se cree que el “hombre” es el centro, que es la cabeza del hogar o del negocio y si se actúa de otra manera no se satisfacen los estándares de masculinidad”.

Al reivindicarse Deivid como queer comenzó a arrancarse las cadenas que lo ataban a conceptos que lo ataban a lo que “‘significa ser hombre’ y de las expectativas que se tienen de ‘ser hombre’. Es más, creo que todo hombre debería cuestionarse y cuestionarlo e ir más allá y cuestionar la manera en que se comporta como hombre. Para mí ha sido un proceso largo, pero ha sido una experiencia liberadora”.

“I love being a queer Latino. It’s part of who I am and I am happy to share that, and be political about it. I don’t even question it any more.”

Rojas llegó a Chicago en el 2013. El amor lo había traído hasta la Ciudad de los vientos y con la rapidez de un vendaval en tres semanas ya había encontrado trabajo como organizador en la campaña Fight for 15. “¡Qué mejor manera de conocer Chicago que organizando a los trabajadores!” Solo duró en el puesto unos meses porque pronto comenzó a trabajar como director en el departamento de comunicaciones.


Durante la campaña Fight for 15.

Rojas lleva ya cuatro años en dicha posición y con el tiempo se ha dado cuenta que las historias de los trabajadores tienen mucho poder para transformar la conciencia e, inclusive, impactar las opiniones de otros. Hoy en día si una campaña quiere salir victoriosa “tiene que recurrir a la interseccionalidad. Por ejemplo, Fight for 15 ya no puede ser tan solo una campaña de justicia económica. Tiene que humanizar a las personas que participan en la campaña; tratar a los trabajadores como seres humanos completos que son gente de color, morenos, oscuros, transgénero, queer. Y por eso hay que contar esas historias. Las personas queer existen en todas partes y no solo cuando se trata en torno al matrimonio o al VIH. Las personas queer son trabajadores y están liderando la campaña Fight for 15, y muchas otras organizaciones en la ciudad. Por eso creo que es importante que la comunidad queer cuente nuestras historias como seres humanos en su totalidad y no solamente en fragmentos. Soy parte del movimiento Fight for 15 y también soy queer y no lo veo como entidades separadas”.

El ser completo que es la persona se manifiesta de maneras diferentes: en la política, en la ética, en el compromiso social y también a través del arte. En el 2016, Rojas comenzó una travesía adicional al comenzar a escribir poesía. Empezó a cuestionar la masculinidad en versos libres. También escribía acerca del ser queer y sobre el amor y el sentirse enamorado de un hombre de color. En un momento comenzó a publicar sus poemas en Facebook y aunque nunca pensó que lo leería en público, el activista Emmanuel García leyó sus poemas en el mundo virtual e invitó al joven poeta a participar leyendo sus poemas en el proyecto cultural Vives Q. Y de ser invitado a compartir su poesía, este 2006 pasó a ser parte del comité organizador de Vives Q Labs.

Los poemas de Rojas eran crudos y buscaban transmitir la honestidad del poeta. Asimismo se dio cuenta a través de los lectores que “existe una sed de historias de la complejidad de la comunidad queer, como el ser queer, la relación con su familia, sobre el amor, sobre el contexto histórico porque todos estos elementos coexisten en mi ser. En ese aspecto, mis poemas son muy políticos porque recurren en aspectos que difícilmente se percibirían dentro y fuera de la comunidad”.


Con la abuela.

En el “Vallenato con la abuela”, Rojas se acerca a la otredad familiar, a la construcción de una narrativa cotidiana del ser queer. Es una traducción al acto más humano que es el amar y ser amado. Deivid se mueve entre múltiples identidades y su esencia se encuentra en cada una de ellas. Crea puentes lingüísticos y recrea la complejidad de su visión del mundo en un acto tan antiguo y espiritual como es el baile:

 

Vallenato con la abuela

 

Mi abuela, while dancing, asked me

¿Estás feliz?

Which really meant

¿Are you still, gay?

 

 

She hugged me, and said

Eso es lo que importa

 

We twirled and whirled

To the vallenato

the guacharaca

El acordeón

 

We kept on spinning

Both of us holding on tighter, más apretado

In fear

Her, the fear of the unknown

Lo que no se sabe

Of God’s judgement

For my safety

For my happiness

For my soul

Me, of losing her love

 

Her hands grasping me tight

The same ones that carried me

To a land where I could be free

Where I could be me

Our feet stopped moving

She whispered,

Lo quiero mucho

La quiero mucho también

 

Rojas ha sido cautivado por el poder de las historias ajenas y propias. Importan tanto los otros como importa su poesía. Escucha la penuria del trabajador y busca descubrir narrativas del ser queer. A veces lo registra en poemas y otras busca atraparlo en algún documental. Ha comenzando a trabajar en documentales de factura propia, pero también ha colaborado con otros filmmkers. En el 2006 colaboró en el filme Signature Move, cuyo estreno se realizó este año en el festival SXSW (South by Soutwest). La película cuenta la historia de un abogado paquistaní que le encanta la lucha libre y se enamora de una mujer mexicana, quien a la vez lucha por aceptar su identidad de género.


Pasión por el cine.

Han pasado ya cuatro años desde que Rojas empezó a trabajar en Fight for 15 en Chicago. Entonces la campaña era tan solo un sueño guajiro. Era imposible imaginar que dicha cruzada quijotesca se convertiría en un movimiento social. Elevar el salario a 15 dólares por hora ha ido ganando terreno empezando por Nueva York y California. En Illinois, la medida pasó hace dos semanas en el Senado y ahora espera su turno en el escritorio del gobernador Bruce Rauner. En el 2016, Hillary Clinton adoptó como parte de su campaña la lucha laboral por los 15 dólares la hora.

El movimiento Fight for 15 nació de una utopía y vino a vigorizar la lucha laboral. La interseccionalidad ha favorecido la visión de un liderazgo que ha comenzado a atar cabos sueltos de una lucha más generalizada. El enemigo del trabajador estadounidense no es el trabajador de un país en vías de desarrollo sino el de un sistema donde los políticos preservan los intereses de las corporaciones.

El 23 de mayo Fight for 15 realizó una acción en contra de McDonald’s y del presidente Trump. Ambos representan los intereses del capital. Mientras McDonald’s duplicó el salarió de su CEO a 15 millones de dólares y está invirtiendo en millones dólares en las instalaciones de su casa matriz, las condiciones de sus trabajadores no han mejorado. De ahí que el binomio Trump-McDonald’s compartan múltiples acusaciones tales como el desfalco salarial a los empleados, acoso sexual a los trabajadores, estafa de impuestos a los contribuyentes y despido a los trabajadores que levantan la voz ante la injusticia.

El movimiento Fight for 15 se ensancha, ya no es solamente un movimiento laboral. La intersección de luchas por un mundo mejor y más justo los ha llevado a trabajar en conjunto con otras organizaciones como Women’s March, el movimiento de Black Lives, Move Org., Color of Change y NextGen, entre otros.

Detrás de las grandes movilizaciones y de las pequeñas victorias laborales cotidianas hay personas que han comenzado a comprender el todo a partir de la reivindicación de la identidad de género, los derechos políticos y humanos y la poesía: tal es el caso del joven artivista Deivid Rojas. Joven comprometido con la política, la historia, el arte, la otredad y la comunidad queer.

 
Aprendiendo a organizar en India.

Franky Piña ha sido cofundador de varias revistas literarias en Chicago: Fe de erratas, zorros y erizos, Tropel Contratiempo. Es coautor del libro Rudy Lozano: His Life, His People (1991). Un cuento de Piña fue publicado en la antología Se habla español: Voces latinas en USA (2000) y Voces en el viento: Nuevas ficciones desde Chicago (1999). Es editor de los catálogos de arte: Marcos Raya: Fetishizing the Imaginary (2004), The Art of Gabriel Villa (2007), René Arceo: Between the Instinctive and the Rational (2010), Alfonso Piloto Nieves Ruiz: Sculpture (2014), Barberena: Master Prints (2016) y Raya: The Fetish of Pain (2017). Piña es director editorial de El BeiSMan.

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