… y nos vinimos de mojados: migración mexicana en retro

Sol Guerra Publicado 2017-09-14 08:09:19

Una provocación a seguir escribiendo la contranarrativa migrante

en aquel entonces, los trabajadores habían sido todos alemanes, hábiles carniceros de ganado que las empacadoras habían traído del extranjero para comenzar el negocio. Después, llegada más mano de obra barata, los alemanes se marcharon. Los siguientes fueron los irlandeses, por seis u ocho años Packingtown había sido una ciudad irlandesa cualquiera. Aún había colonias de ellos aquí, suficientes para dirigir todos los sindicatos y las fuerzas policiacas y quedarse con todas las mordidas; pero la mayoría de los que trabajaban en las empacadoras se fue tras la caída salarial que le siguió a la gran huelga. Ya entonces habían llegado los checos y después los polacos. La gente decía que era el viejo Durham mismo el responsable de las migraciones. Había jurado que daría una lección a la gente de Pakingtown para que nunca se les volviera a ocurrir hacerle una huelga, así que mandó a sus agentes a cada ciudad y pueblo de Europa para que esparcieran el cuento de oportunidades de trabajo y altos salarios en los mataderos. Las personas llegaron por hordas; y el viejo Durham las ahorcaba más y más, acelerándolas y triturándolas en pedazos, para mandar por otras nuevas. Los polacos, que habían venido por decenas de miles, fueron llevados a límite por los lituanos, y ahora, los lituanos daban paso a los eslovacos. Quién más pobre que los eslovacos, la abuela Majauszkiene no tenía idea, pero las empacadoras los encontrarían, de eso no te preocupes…[1]
—Upton Sinclair, La jungla, 1906

 [Y lxs encontraron cada vez más cerca, ya no cruzaban el
Atlántico sino el Bravo, se vinieron de mojadxs…]

Como La jungla de Upton Sinclair, …y nos vinimos de mojados (El BeiSMan Press; 2014) forma parte del impulso narrativo que insta a lxs inmigrantes a escribir su historia. Así Raúl Dorantes y Febronio Zatarain emprenden, al ritmo de 20 ensayos que oscilan entre la crónica y la etnografía, la misión de escribir sobre la migración mexicana a la ciudad de Chicago. El resultado es un libro que captura un fragmento clave en el tiempo erigiéndose como un faro desde donde se pueden observar continuidades y discontinuidades en la historia reciente de la migración México-Estados Unidos. Sin embargo, más allá de lo que hoy nos permite ver e independientemente de la vigencia o validez de ciertas afirmaciones, …y nos vinimos de mojados es un ejercicio contranarrativo invaluable. Lo es en el sentido de que se opone al discurso xenófobo de la derecha racista desde la enunciación del nosotros inmigrante, desde la afirmación de la experiencia vivida, desde ese contar el propio viaje.

No pretendo sintetizar la obra, enloquecería en el intento de abordar tal cantidad de datos culturales, notas biográficas, descripciones de lugares, cavilaciones existenciales, producción musical, cinematográfica, literaria, opiniones políticas, posicionamientos lingüísticos y procesos históricos. Supongo que ahí reside una de sus virtuosas particularidades. Por un lado, te adentra a la complejidad de la vida del migrante, que es así, una y diversa, pero por el otro, te deja con ganas de profundizar, de ir más allá de donde los autores se atrevieron a llegar. Cada capítulo podría ser el tema de un libro o una investigación. A mí, por ejemplo, con la lectura se me antojó escuchar más relatos en primera persona del singular, quisiera leer a Miss Kitty, a Israel Gutiérrez o a uno de los jóvenes que cotorrean en la esquina del barrio en sus propias palabras, como yo de la enunciación. Pero un libro se juzga y se reseña por lo que es, no por lo que no es. En ese sentido, esta obra me permitió tener una visión cartográfica de la presencia y la experiencia mexicana en este país, y en ese mapa encontré historias que encarnan la centralidad del factor trabajo, las transformaciones de la religión, las contradicciones en la educación y las contiendas políticas. Asimismo, me dotó de una serie de referentes que me eran desconocidos —películas y discos por ver y escuchar, libros por leer o releer— y, sobre todo, ideas a debatir.

Leer a plenitud es percibir, inteligir, asociar, recordar y gozar. Por ende, la apreciación de un libro es algo sumamente íntimo. Personalmente disfruté, desde una perspectiva sociolingüística, “La esquina: el tercer territorio” y “Las lenguas del inmigrante y su hijo”. Primero, porque me apasiona el estudio de las lenguas en contacto, la política del lenguaje y la educación bilingüe, segundo, porque ante el encuentro con lxs jóvenes hijxs de migrantes mexicanxs que nacieron o crecieron aquí, quisiera aprender más sobre la experiencia del mexicanx extraterritorial. A nivel existencial “El regreso del inmigrante” y “El quién soy del inmigrante” me llevaron a constatar que, si bien no estoy aquí de vacaciones, ya trascendí mi rol de turista, tampoco me consideraría una inmigrante. Me gustaría pensar que siempre he sido viajera, que tengo vocación por lo desconocido y la conciencia de partir y de siempre estar partiendo. Aunque a veces, me descubro observando mi vida entera como un carrete que se desdobla. Entonces me pregunto quién soy, quiénes somos, qué tanta capacidad de reinvención tenemos, cuáles son nuestros atavismos, cómo se transforma y conserva la identidad, qué carajos mantiene en pie al sueño americano, cuántas veces naceré y moriré. ¿No es tal el viaje existencial que asalta a lxs migrantes al verse insertxs aquí con el vecino distante?

Las discontinuidades a las que me refiero han ido configurándose al paso de diez u once años. La instauración del estado mexicano desocializador, y por consecuencia el estado fallido en varias partes de la república ha generado un pronunciado clima de violencia (crimen organizado, feminicidios, desapariciones). Hoy ya no hay quien viva en partes del Estado de México, Guerrero, Tamaulipas o Michoacán. En Estados Unidos se consolidaron las leyes antiinmigrantes modelo HR 4437 y la infraestructura deportadora se fortaleció junto con su respectiva dosis propagandística —temas que ya se discuten en este y otros libros del BeiSMan en 2006 cuando la primera publicación de …y nos vinimos de mojados, pero que han tomado otra dimensión, especialmente a raíz de la presente administración. Todos factores que obligan al propio inmigrante a replantearse sus planes y motivaciones. La incertidumbre del futuro, la inminencia de los regresos forzados y las separaciones familiares están exigiendo que nos preguntemos qué sigue y ante esos cuestionamientos, preconcepciones y lugares comunes irán perdiendo sentido.

En ambos países, la política se ha vuelto un espectáculo mediático orquestado por un complejo comunicacional que produce “realidades vituales”, “ávatares políticos” “comunidades emocionales”, “ficciones horroristas” y un complejo etcétera en el que la miseria humana originada por el sistema se trata como sección de nota roja, dato duro para el análisis tecnocrático, mera estadística. Tristemente, a diez años de haber sido concebido este libro, nos percatamos de que las acciones colectivas y contraculturales, muy a contrapelo de sus objetivos imaginarios, no sumaron a la clase obrera ni contuvieron la permanencia de la derecha en el poder[2]. La administración Trump es la muestra más clara de lo anterior y su marketing político, el discurso hegemónico a contrarrestar.

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[1] Traducción libre. Sinclair, Upton (1906), The Jungle, Barnes and Noble Classics, New York, Pág 71

[2] Gaytán Santiago, Pablo (2013), Guerra Mediática prolongada. Emocracia, violencia de Estado y contrainformación, Colección Teoría y Análisis, Universidad Autónoma Metropolitana, Pág. 31

 

Sol Guerra es aprendiz de todo y oficial de nada. Nació en los ochenta en la Gran México Tesmogtitlán y creció en tierras otomíes-chichimecas. Eligió la antropología como estilo de vida, la mediación lingüística como profesión, el feminismo como ética política; la poesía es su pasión. El espíritu polifacético y trashumante de sus ancestres la ha instado a viajar por territorios insospechados y las crisis económicas, a ejercer diversos oficios. De últimas, el viento la trajo a tierras gabachas, donde trabaja con la comunidad inmigrante mexicana.

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