Que no sea inútil el legado de Harold Washington

Carlos Arango Publicado 2017-11-25 07:30:34


Juan Velásquez, Harold Washington y Luis Gutiérrez en la Alcaldía de Chicago el 30 de diciembre de 1985. Foto: Karen Engstrom

Chicago is one city. We shall work as one people for our common good and our common goals.
—Harold Washington

El 25 de noviembre de 1987, un día antes de la celebración del Día de Acción de Gracias, Chicago se conmocionó. Quedó en silencio e incrédulo. El alcalde de la Ciudad Harold Washington falleció súbitamente de un ataque cardiaco mientras trabajaba en el quinto piso de la alcaldía.

Parecía increíble que el jovial alcalde estuviera muerto. Washington había logrado unir racial y políticamente la ciudad. Tras su muerte, la unidad rápidamente se empezó a desmoronar con el reacomodo de los grupos políticos que estaban contenidos bajo la administración del primer alcalde afroamwericano. Sin embargo, todavía no había sido sepultado cuando ya había empezado la rapiña por arrebatarse la silla vacía en la alcaldía.

Harold Washington murió de 65 años de edad y con su muerte empezó la extinción de la política progresista de Chicago. De esta manera se volvió a instalar la maquinaria del Partido Demócrata en la alcaldía de la ciudad. Dicha maquinaria había sido frenada y opacada en 1983 por el movimiento encabezado por el primer alcalde negro en la historia de Chicago y fue “el mejor alcalde que hemos tenido”, según la opinión del profesor emérito de la Northwestern University, Robert Starks.

En Septiembre de 1981, la organización Casa Hermandad General de Trabajadores de Chicago entregó el reconocimiento Miguel Hidalgo al congresista Harold Washington por su compromiso con la comuinidad inmigrante al oponerse a la ley Simpson-Rodino. Ésta proponía multar a los patrones que emplearan trabajadores sin la documentacion apropiada.

A finales de la década de 1970 y principios de la década de 1980 en Pilsen se llevaba a cabo una lucha contra el desplazamiento de familias mexicanas por los desarrolladores de bienes raíces que miraban en este barrio terreno fértil para comprar lotes y viviendas y convertirlas en viviendas para artistas y la clase media blanca. El alcalde Richard J. Daley había diseñado esta estrategia como parte del Plan XXI de Chicago. Asimismo este alcalde había goberado Chicago durante cuatro décadas y con brazo fuerte. Durante la convención demócrata de 1968, Daley ordenó el ataque represivo contra los jóvenes que por días protestaron contra la convención del Partido Demócrata y contra la guerra de Vietnam.

A fines de la década de 1970, el Plan XXI avanzaba por un lado; pero por el otro, la organización y resistencia de las familias contra el desplazamiento crecía y también crecía la lucha por atraer recursos a la comunidad en las escuelas públicas, la biblioteca, los parques y los programas de capacitación laboral, así como la  implementación de la acción afirmativa en los empleos de la ciudad y el condado.

A principios de la década de 1980, el ala izquierda de la comunidad mexicana comenzó a organizar en torno a la postulación de Harold Washington. Nos tocó participar en un mitin en el McCormick Place en el que le pedimos a Washington que se postulara contra la poderosa maquinaria política del Partido Demócrata. Washington aceptó con la condición  de registrar a 100 mil personas para votar y construir una organización paralela que pudiera sacar el voto para ganar la elección primaria. Además, se pactó la necesidad de crear una alianza de fuerzas entre la comunidad negra, latina, asiática y blancos progresistas.

La alianza negro-latina emergió de la Organización Política Independiente (IPO por sus siglas en inglés) del distrito 20, que tenía como figuras principales a Juan M. Soliz y Rudy Lozano, organizador sindical que se postuló contra Stemberg concejal del distrito 22 y al que por poco lo hubiera desbancado. Así mismo se sumaron los sectores progresistas y nacionalistas en la comunidad puertorriqueña.

En Febrero de 1983, Harold Washington fue electo como el acalde 41 de la ciudad y con ello surgió una guerra política entre Washington y 29 concejales capitaneados por Edward Vrdolyak. En junio del mismo año, Rudy Lozano fue asesinado, el primer crimen político cometido contra un líder mexicano en Chicago. Entonces, Jesús, Chuy, García entró al relevo y le tocó postularse como candidato a concejal en el Distrito 22. Chuy ganó las elecciones en La Villita, Juan M. Soliz en Pilsen y Luis Gutiérrez en West Town. Juntos rompieron el cerco de los 29 de Vrdolyak y finalmente Washington logró 25 votos en el Concilio y como alcalde logró aprobar las reformas que había peleando durante 3 años.

Washington se religió en 1987 e inició una era de reformas que concluyó con su muerte en noviembre. Sawyer ganó la sucesión de la alcaldía tras una terrible confrontación entre la propia comunidad negra, que les quitó el poder. Ahí quedó sepultada la alianza negro-latina. Entonces se dio un resurgimiento de la maquinaria política del pasado y, finalmente, se consumó la restauración del viejo régimen de la “maquinaria demócrata” con la elección de Richard Daley hijo.

La alianza negro–latina quedó hecha trizas y no se volvió a recuperar. Todavía en el 2016 Jesús García intentó elegirse como alcalde de Chicago, pero no logró ganar ni un solo distrito en la comunidad negra a pesar de que Rahm Emanuel había vapuleado a dicha comunidad.

Ahora que se viven los tiempos de Trump, los afroamericanos no han salido beneficiados. La presidencia de Obama, las demandas de Martin Luther King y Malcom X han quedado en el tintero.

 

Carlos Arango. Fundador del Movimiento Mexicano 2018 en Estados Unidos.

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