La masacre de San Valentín

Raúl Caballero García Publicado 2018-02-20 11:47:48

 

Recordando a las víctimas de la Preparatoria Stoneman Douglas.  

DALLAS, TX.— Esta vez fueron 17 los estudiantes asesinados por un ex compañero de la Preparatoria Stoneman Douglas, en Parkland, Florida y otros tantos fueron heridos el pasado miércoles 14 de febrero.

El responsable de esta nueva masacre —ya señalada como la del Día de San Valentín— fue un joven de 19 años llamado Nikolás Cruz.

El problema de los atacantes armados se desarrolla en dos vertientes: el odio y las armas. Matanza tras matanza —y en este país suceden con una aterradora frecuencia— se señala el fondo del asunto sin que se asuman verdaderas soluciones; el racismo y la facilidad con la que cualquiera puede comprar armas marcan la pauta para el siguiente asesinato colectivo.

Cruz al parecer pertenecía a uno de esos grupos de odio, la Milicia de la República, un grupo nacionalista blanco; asimismo en Instagram intercambiaba mensajes racistas en contra de judíos, mexicanos y negros al tiempo que se exponía en fotos con chalecos anti balas y uniforme militar. Por otra parte, había sido un miembro del equipo de aprendices de Tiro con Rifle de Aire, un programa escolar apoyado por la fundación de la Asociación Nacional del Rifle (NRA del inglés).

El joven era un alumno destacado en el proyecto de Entrenamiento de Oficiales Juveniles de Reserva del Ejército en esa misma Prepa donde realizó la matanza, perturbadora paradoja, más cuando te informas que ese proyecto recibió apoyo de la NRA. Cruz tenía una AR—15 y pistolas cuando disparó contra sus ex compañeros.

Lo anterior son pormenores de esta nueva matanza, pero como usted sabe el problema campea en todo el país: Escuelas (de la Preparatoria Columbine en Colorado —por indicar los más recientes— a la Preparatoria Stoneman Douglas en Florida), clubs nocturnos (Orlando), conciertos (Las Vegas Music Festival); en fin, cines, iglesias, centros comerciales, pareciera que no hay sitio público en este país donde no se haya cometido uno de estos trágicos eventos. Todo esto es en verdad patético. Encima Donald Trump al día siguiente de la masacre —como lo ha hecho otras veces— al referirse a la nueva tragedia no menciona las armas, en este caso sólo habló de la salud mental del adolescente.

Como de costumbre los comentarios de Trump provocaron indignación entre quienes promueven el control de armas, y desde luego entre buena parte de la ciudadanía. Una de las primeras acciones de Trump como presidente fue derogar una ley aprobada durante el mandato de Barack Obama que obstaculizaba la compra de armas precisamente a personas con discapacidades mentales.

Por enésima ocasión habrá revuelo e indignación apuntando a un mayor control de armas de fuego, pero es previsible que una vez más no pasará nada. La NRA es uno de los lobistas más poderosos en Washington porque suministra millones de dólares a la hora de influenciar a los legisladores para que favorezcan sus intereses, y sus intereses se pueden sintetizar en cuatro palabras: derecho a tener armas. La NRA, por encima de lo anterior, maneja una y otra vez con una retórica patriótica que se basa en la segunda enmienda de la Constitución, misma que protege el derecho del pueblo estadunidense a poseer y portar armas.

En lo anterior es donde se centra el poder de la NRA según señalan académicos y distintos medios de comunicación como Político en un texto firmado por Bill Scher o como Adam Winkler, profesor de derecho constitucional en la UCLA citado por la agencia EFE: “La NRA no tiene éxito sólo por su dinero. La verdadera fuente de su poder proviene de los votantes y de la efectiva capacidad de movilización social que tiene para crearse apoyo popular”.

Anticipamos que tampoco esta vez pasará nada que lleve a una mejor regularización porque en el Congreso los legisladores republicanos han obstaculizado los intentos de promulgar un control de armas de fuego. Es un problema enraizado en la mayoría de estadunidenses que ciertamente consideran que su derecho a poseer armas es sagrado, hay un punto ciego en todo esto, de ahí que la NRA es incluso considerada por muchos como una institución que vela armas en el pórtico de la Constitución para resguardar sus libertades.

Sobresale del debate sobre las armas que la NRA viene edificando —desde hace décadas—un movimiento cultural, ha convencido a quienes siguen sus pautas que poseer armas es su estilo de vida en torno a sus libertades y su seguridad.

Pero ya vemos lo que sucede, es un caos que crece y se aleja del fondo; entretanto por la división nacional se exacerban los ánimos, los extremos. Los estudiantes de la Prepa de Parkland han desafiado a Trump, lo han criticado y han convocado al país a la Marcha por Nuestras Vidas el próximo 24 de marzo cuando exigirán acciones concretas para el control de armas. Es un buen momento para no soltar carteles, para enarbolar consignas, para demostrar que puede haber cambios.

 

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Raúl Caballero García, escritor y periodista regiomontano, para comentarios: caballeror52@gmail.com.

 

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